¿Cómo un profesor cabrón consiguió que me gustara la física?

Quizá no me creáis (graduado en física, máster en física teórica y oposición con plaza aprobada a la primera) pero en la ESO suspendía las asignaturas de matemáticas y de física y química.

Hoy os voy a hablar de mi periplo por la ESO y de cómo un profesor cabrón y pasota, con cero interés en nuestro aprendizaje, acabó por conseguir de manera indirecta que me gustara la física.

Al lío.

De más a menos

De pequeño me encantaba aprender. De muy pequeño, recuerdo leer cientos de veces un libro que mi padre me había regalado sobre el sistema solar. Con unos pocos años más, me  pasaba tardes repasando mi colección de National Geographic sobre animales, el cuerpo humano, el espacio…

No paraba de hacer preguntas a mi padre, que para mi suerte siempre tenía ganas de responder o de que buscáramos juntos la respuesta.

En el cole siempre iba adelantado. Aprendí a leer más rápido que el resto, a hacer las operaciones matemáticas que tocaba estudiar ese curso antes que los demás… La maestra me ponía a ayudar a los compañeros y me tenía como ejemplo de la manera en que las cosas se debían hacer en clase.

Al final del cole (sexto de primaria, con unos once años) mis padres se separaron. Yo elegí quedarme una semana con cada uno (y pasaría así muchos años), por lo que cada domingo hacía la maleta y me cambiaba de casa. Pero en principio esto no me afectó, seguía siendo el mejor de la clase.

Entré al instituto con el mismo ímpetu. No me costaba trabajo ninguna asignatura, todo me parecía fácil. Recuerdo que la tutora me sentó con los alumnos menos trabajadores (la mayoría repetidores) para que los ayudara, y eso no repercutió demasiado en mis notas.

Pero algo pasó en los siguientes cursos. Cada vez me interesaban menos las clases. Dejé de aprender cosas por mi cuenta, de leer libros, de preguntar a mi padre.

Dejé que mis padres anduvieran en sus asuntos, feliz de que hicieran planes con sus nuevas parejas y a mí me dejaran estar siempre en la calle con amigos (¿adolescencia le llaman?).

Así que mis notas empezaron a caer.

No exagero. Esta es la evolución de mis notas a final de curso en matemáticas y en ciencias (naturales en 1º y 2º de ESO, física y química en los siguientes cursos). En tercero de ESO aprobé ambas en la recuperación. En cuarto las mates seguían en caída libre, y ya en bachillerato conseguí remontarlo todo.

En segundo de ESO comencé a suspender exámenes sueltos. Uno de matemáticas, uno de francés, otro de ciencias naturales (asignatura que ya no existe y se dividió en biología y geología y en física y química)…

De hecho, hasta suspendí una asignatura que era nueva (Educación para la ciudadanía) por no hacer nada. La manera de recuperarla era hacer un trabajo sobre la democracia y, cuando lo entregué, tuve que «pelearme» un poco con el profesor porque no se creía que fuera mía la redacción. Imagino que ya en ese curso los profesores me tenían por un caradura, pues de hecho la mayoría eran interinos nuevos ese curso, no me conocían del anterior.

Ya en tercero de ESO suspendía todos los exámenes de matemáticas y física y química por defecto, aunque las recuperé antes de que acabara el curso. La única que suspendí para septiembre fue dibujo técnico (y la aprobé copiando todos los trabajos de mi novia en verano).

Y el caso es que recuerdo tomármelo a risa.

Cuando entregaban las notas me reía del suspenso. Solo iba a clase a hablar con los amigos, escuchar música (me pasaba los auriculares por la manga y me quedaba toda la hora apoyado sobre mi mano para que el cable llegara) y escribir canciones de rap, que era lo único que me motivaba.

El profesor cabrón aparece… pero no importa

Ese año (3º de ESO), el profesor que ocupa el título del artículo (don R.C.)  me tocó por primera vez.

En la ESO pasas de los profesores. Ni si quiera te aprendes sus nombres, acudiendo al socorrido “profesor” para ocultar tu desconocimiento.

Cuando todos los alumnos de la clase suspendimos los primeros exámenes ya nos picó la curiosidad. Resultó que el profesor de la asignatura era conocido en todo el centro. Mejor dicho, su fama de cabrón le precedía.

Pero para mí seguía siendo un profesor que no me importaba de una asignatura que me daba igual. Y la física y química hasta tercero de ESO se prestaba a reglas de tres por doquier, así que eso (y el pasotismo del profesor, que prefería aprobarnos al final del curso) me salvó.

Conocer a mi novia (actualmente ya mi mujer) me ayudó. Llegué a cuarto de ESO más centrado. Volvió algo de mi interés original en aprender. No estudiaba en casa pero atendía en clase, y eso parecía bastar. En matemáticas no tanto (tuve que apuntarme a clases particulares pues llevaba dos cursos sin atender), pero en las demás, incluida física y química (que me tocó una profesora que apenas nos exigía), para aprobar bastaba con no dejarlo demasiado de lado.

El curso acabó, y con la vuelta de mi interés por aprender me matriculé en el bachillerato de ciencias sin saber muy bien qué quería estudiar.

Primer día de clase y, como profesor de física y química, aparece el tan temido don R.C., mismo profesor que en tercero de ESO ya me habían advertido de su mala baba.

Pronto quedó patente que R.C. no quería enseñar. Corría la leyenda de que era físico nuclear, y que dejó la investigación para casarse y volver a su pueblo natal, dedicándose a la enseñanza para así estar con su familia. Pero que eso le había amargado (y más cuando años después se divorciaría).

A R.C. le daba igual si aprendíamos o no. Venía sin nada a clase, cogía una tiza y escribía cosas en la pizarra sin importarle si lo entendíamos. Después pedía el libro de texto a uno de los alumnos del grupo, lo abría por el tema que tocara y mandaba unos cuantos ejercicios que quizá se corregirían al día siguiente o quizá no, era un misterio.

Las academias de mi ciudad lo conocían. Cuando te apuntabas para intentar aprobar, (tras darte el pésame) te aseguraban que te podrían ayudar, pues tenían todos los exámenes de los últimos treinta años de este profesor.

Pero, sorprendentemente, a mí ese año me empezó a gustar la asignatura enormemente.

Sé que suena raro que cuando te putean y pasan de si estás entendiéndolo o no te guste una asignatura. De hecho, fui el único al que le pasó. Pero es que de repente la física era un reto.

Permitidme explicarme poniendo un ejemplo. En cuarto de ESO, cuando me volvió a entrar el gusanillo por aprender, física y química no estaba entre mis asignaturas favoritas ya que la física que me mostraron se resumía a conocer la fórmula y sustituir los datos. Nada de intuición sobre el mundo físico, ni de conectar las fórmulas con los fenómenos, y menos aun problemas complejos, necesarios de un desarrollo y utilizar a la vez distintos conceptos estudiados.

En el MRUA, bastaba con saber que s=s_0+v_0 t+\frac{1}{2} a t^2, que el ejercicio ya te diría todos los datos (los valores de todas esas letras) salvo uno, que tendrías que despejar. Dejo un ejercicio de un libro de cuarto de ESO (actual) a modo de ejemplo:

En cambio, en primero de bachillerato la dificultad aumentó enormemente. Los ejercicios, y más aún los seleccionados por don R.C. (y los puestos en sus exámenes) se convirtieron en problemas.

Surge el amor por la física

No bastaba con saber la fórmula. Tenías que entender que, esas leyes que estabas aprendiendo, describían al mundo exterior, y que era necesario interpretarlas y usarlas a modo de diccionario.

– “¿Cuándo dejará el objeto de subir en un tiro oblicuo? Ah, claro, cuando la componente vertical de su velocidad se anule”.

– “¿Cuándo se caerá el objeto de la cúpula semiesférica por la que desliza? Ahh, claro, cuando pierda el contacto, por lo que la normal será cero.”

La física se mostró como una herramienta que me permitía predecir cosas que pasaban a mi alrededor. Si aprender un nuevo idioma mola porque te permite comunicarte con personas que lo conocen, aprender física molaba aún más porque te permitía “comunicarte” con los fenómenos a tu alrededor.

De repente, podías entender por qué convenía pegarle al balón con un ángulo de 45 grados. Por qué cuesta tanto andar sobre hielo. Por qué las curvas se deben peraltar. Y no eran explicaciones vanas como las que recibía en otras asignaturas de ciencias. Me estaban demostrando con ecuaciones, desde primeros principios, todas estas cosas (a decir verdad me lo estaba demostrando el libro/profesor de clases particulares).

Esto me enamoró de la física. El profesor podía ser un cabrón (de hecho, una pregunta que nos hizo para reírse de nosotros me la contestaría otro profesor años después en la carrera y la traté en el blog, a R.C. no le interesaba lo más mínimo que supiéramos la respuesta).

Pero su mala leche y el gran nivel del que dotaba a la asignatura me abrió las puertas a un mundo nuevo. Un mundo donde podía predecir lo que pasaría en el futuro sin más que escribir fórmulas y ver dónde me llevaban.

Para el final de ese curso ya tenía casi claro que quería estudiar física. A partir de aquí, el resto de la historia lo conté en el sobre mí.

¿Moraleja?

Sin duda, don R.C. no hizo bien su trabajo. Ni con mi clase, ni seguramente con los treinta y tantos anteriores cursos que pasaran por sus manos (ninguno pasó después pues se jubiló al final de ese curso).

Pero resulta que a mí me hizo bien.

Creo que la clave fue que diversificó sin pretenderlo. Y es que es algo que el sistema educativo tiene muy desatendido.

Se nos llena la boca con la atención a la diversidad, pero la realidad te golpea con clases de 30 alumnos donde lo más normal es que diez o más tengan un nivel muy bajo y te tengas que volcar con ellos. Al final, los que están al otro lado de la gaussiana se desmotivan. Pero ellos también son personas, diversos a su manera (ni si quiera tienen por qué ser altas capacidades), y necesitan retos y motivación.

Al final, quizá sea bueno que a la hora de enseñar tengamos en mente estas palabras de Richard Feynman cuando se le pregunta sobre la mejor manera de enseñar a una clase de alumnos:

Para los que les cueste el inglés, dejo la traducción por chatgpt:

«Todos esos estudiantes están en la clase. Ahora me preguntas, ¿cuál es la mejor manera de enseñarles? ¿Debería enseñarles desde el punto de vista de la historia de la ciencia, desde las aplicaciones? Mi teoría es que la mejor manera de enseñar es no tener una filosofía, ser caótico y confundir, en el sentido de que uses todos los medios posibles para hacerlo. Esa es la única manera que veo para responder, atrapando a este chico o aquel chico con diferentes ganchos a medida que avanzas, de modo que, durante el tiempo en que el tipo interesado en la historia se aburre con las matemáticas abstractas, por otro lado, el que le gusta la abstracción se aburre en otro momento con la historia. Si puedes hacerlo de manera que no los aburras a todos, todo el tiempo, quizás estés mejor. Realmente no sé cómo hacerlo. No sé cómo responder a esta pregunta sobre los diferentes tipos de mentes con diferentes tipos de intereses: qué los atrapa, qué los hace interesarse, cómo los diriges para que se interesen. Una forma es con una especie de fuerza, tienes que pasar este curso, tienes que tomar este examen. Es una manera muy efectiva. Muchas personas pasan por la escuela de esa manera y puede ser un método más efectivo. Lo siento, después de muchos, muchos años de intentar enseñar y probar todo tipo de métodos, realmente no sé cómo hacerlo

7 comentarios en «¿Cómo un profesor cabrón consiguió que me gustara la física?»

    • Algunos muy buenos hubieron también en el camino e hicieron que me gustaran sus asignaturas =) En física fue distinto, pero como dices, seguramente la curiosidad de base hizo que también me acabara gustando.

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  1. A mi también me pasó lo mismo gracias a mi profesor de física y química descubrí que la física me gustaba. El era muy buen profesor nos explicaba muy bien y me entretenía mucho con sus clases, también me llevaba muy bien con el los días que tocaba su clase antes del patio hablaba un poco con el y este próximo 10 de septiembre volveré a verle después de casi tres años, también gracias a el mi sueño ahora es convertirme en profesor de física y estoy al 10 mil millones porciento de que esté curso me voy lo voy a pasar muy bien en sus clases.

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    • Genial Jorge, estoy seguro de que él también tiene ganas de verte y que te lo pases bien con sus clases y con la física 😛

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  2. Muy buenas Adrian,
    Creo realmente lo que te paso, fue algo que tú ya sabías que iba a pasar y que tiene que ver con un tema emocional y claro con esa edad (la adolescencia) que nos vuelve realmente locos. Ya tenías esa inquietud antes y no desapareció después. Yo nunca la tubería pequeño (la curiosidad o capacidad de observar el mundo que nos rodea) y la desarrollé de mayor. Siempre pienso que durante una época de mi vida me resultó más fácil refugiarme en el mundo microscópico que en el macroscópico jjj que cosas me encanta tu historia Adrian viva la física!!!

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