3 consecuencias de la conservación del Momento Angular que te volarán la cabeza

El momento angular es el gran olvidado de los cursos de física básica y, en cambio, el omnipresente invitado en los de física avanzada.

Es normal que nos lo dejemos a parte cuando empezamos a ver física, ya que el muy maldito involucra una operación matemática entre otros dos vectores que, a día de hoy, los alumnos del sistema educativo español aprenden cuando están cerca de cumplir los dieciocho años.

Pero no entender, al menos intuitivamente, qué es y qué implica su conservación, nos deja fuera de poder entender la explicación de fenómenos muy interesantes (como por qué una patinadora se acelera cuando rota si pega los brazos al cuerpo -o tu profe de física se marea replicando esto en una silla en rotación– o por qué las bicis se mantienen en equilibrio cuando avanzan pero quietas no -bueno, esto realmente es bastante más complicado-).

El caso es que hoy me he planteado hablar de tres fenómenos que se explican gracias a la conservación del momento angular y que te dejarán con el culo torcido al no ser los típicos que suelen acompañar a los libros de texto de física.

Si te apetece, ya sabes: sigue leyendo 😛

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Nunca has tocado nada. La física del contacto

Cuando comienzas a estudiar la estructura de los átomos ves que la capa más externa de TODOS es una nube de electrones cargados negativamente. Si ahora intentas mirar a tu alrededor intentando imaginar esos átomos en todo lo que ves, podrías llegar a una pregunta muy lícita:

Si las cargas del mismo signo se repelen, y la parte más externa de todos los átomos tiene la misma carga (negativa), ¿se repelen los átomos entre sí? ¿Significa eso que nunca llegan a tocarse?

O en otras palabras más dramáticas…

¿NUNCA HE TOCADO NADA?

Como siempre, esta pregunta tiene mucha más miga de lo que pinta, y se puede profundizar enormemente en ella. Así que, si te has quedado con ganas de ello, clica en el «leer más» =)

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¿Por qué Aquiles puede adelantar a la tortuga? Paradojas de Zenón y cálculo infinitesimal

Tras un arduo día de trabajo, coges tu coche para volver a casa. Tienes que salir a carretera, y tras diez minutos conduciendo sin pensar demasiado, escuchas una sirena y ves que detrás tienes a un coche de la policía haciéndote señas para que te detengas a un lado.

Cuando el policía se acerca, bajas el cristal de la ventanilla, y preguntas tímidamente:

– ¿Ocurre algo, agente?

– Iba a cien kilómetros por hora en una carretera de noventa, señor.

    Tú, que te saltaste las clases de física de bachillerato, respondes poniendo tu mejor cara de inocente:

    – Agente, ¿cómo puede saber que iba a cien kilómetros por hora si solo he conducido durante diez minutos?

    Esta pregunta hoy en día puede parecer una tontería, pues estamos muy acostumbrados a que el coche nos dice la velocidad a la que vamos en cada momento. Pero no es una cuestión trivial. Si fueras el agente, ¿cómo responderías?

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