3 consecuencias de la conservación del Momento Angular que te volarán la cabeza

El momento angular es el gran olvidado de los cursos de física básica y, en cambio, el omnipresente invitado en los de física avanzada.

Es normal que nos lo dejemos a parte cuando empezamos a ver física, ya que el muy maldito involucra una operación matemática entre otros dos vectores que, a día de hoy, los alumnos del sistema educativo español aprenden cuando están cerca de cumplir los dieciocho años.

Pero no entender, al menos intuitivamente, qué es y qué implica su conservación, nos deja fuera de poder entender la explicación de fenómenos muy interesantes (como por qué una patinadora se acelera cuando rota si pega los brazos al cuerpo -o tu profe de física se marea replicando esto en una silla en rotación– o por qué las bicis se mantienen en equilibrio cuando avanzan pero quietas no -bueno, esto realmente es bastante más complicado-).

El caso es que hoy me he planteado hablar de tres fenómenos que se explican gracias a la conservación del momento angular y que te dejarán con el culo torcido al no ser los típicos que suelen acompañar a los libros de texto de física.

Si te apetece, ya sabes: sigue leyendo 😛

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