El día que Asimov predijo ChatGPT

La ciencia ficción, como su propio nombre indica, es una rama de la literatura que aprovecha el conocimiento científico para desarrollar ficciones.

Generalmente su finalidad es entretener, aunque muchos autores la han usado como vía de escape a su imaginación. Como una manera de vivir esos futuros que creen que la ciencia hará posibles, y que su finitud temporal les impedirá ver.

La gracia es que a veces han acertado. Incluso, paradójicamente, de tanto en tanto han inspirado la creación de esa ciencia que imaginaban.

Hoy quiero hablar de un caso que me ha llamado mucho la atención. El día que Isaac Asimov predijo ChatGPT.

Como lo oyes lees. Veamos qué dijo exactamente.

Cuando la ciencia ficción acierta

Sin querer entrar en sesudas discusiones sobre la historia de este género, creo que no miento si digo que el paradigma de autor de ciencia ficción prolífico a la par que adelantado a su tiempo es, sin duda alguna, el francés Julio Verne.

Ya en De la Tierra a la Luna (1865) describe las dificultades a superar para llevar a cabo un viaje lunar, y en Veinte mil leguas de viaje submarino, aunque no inventó el submarino, desató la imaginación de muchos que vendrían después para investigar cómo mejorarlo y poder llevar a cabo las hazañas que en dicha novela se narraban (de hecho, el primer submarino nuclear usado por el gobierno de los Estados Unidos fue llamado Nautilus en honor del submarino de la novela de Verne).

Portada del libro De la Tierra a la Luna de Julio Verne (edición en inglés).

Por su parte, H. G. Wells (el tipo que escribió La Guerra de los mundos, cuya narración radiofónica por Orson Welles desató el caos entre los oyentes que no sabían que escuchaban una ficción), entre otras muchas cosas, describió el uso de bombas basadas en energía nuclear en The World Set Free. Este relato lo leyó en 1932 el físico Leo Szilard, que lo inspiró a imaginar una reacción nuclear en cadena que más tarde serviría de base para crear la primera bomba atómica en el proyecto Manhattan.

Portada del libro The World Set Free, de H. G. Wells.

Arthur C. Clarke también tiene unas cuantas anticipaciones famosas (pero bueno, era físico de formación, eso ayuda). Entre otras, en sus obras aparecen videollamadas, inteligencia artificial avanzada, ascensores espaciales, ingeniería genética

Podría seguir sin parar: George Orwell con la hipervigilancia y manipulación del lenguaje por parte del Estado, Aldous Huxley con la sociedad controlada por un entretenimiento constante que anestesia el cerebro, etc.

Muchas ideas que he mencionado no son originales de estos autores, pero supieron adaptarlas al medio, añadirle muchos detalles que inspiraron a otros e, incluso, anticipar cómo serían estas tecnologías usadas (y pervertidas) en el futuro por las personas.

Y aquí es cuando entra mi autor de ciencia ficción favorito: Isaac Asimov.

La producción de Asimov

Isaac Asimov, nacionalizado americano aunque ruso de nacimiento, fue uno de los más prolíficos escritores de ciencia ficción de todos los tiempos (¡más de 500 libros!).

Isaac Asimov.

Entre sus sagas más famosas están La Fundación (a.k.a. Ciclo de Trántor) o todo lo relacionado con robots. En estos (y otros relatos), anticipó los dilemas éticos que surgirían del trato cotidiano con robots, videollamadas globales, bibliotecas electrónicas, electrodomésticos inteligentes

También, gracias a su formación científica (era químico), escribió libros de divulgación que hoy se cuentan entre mis favoritos, como Introducción a la ciencia (dos volúmenes con toda la historia de la física, la química y la biología), Breve historia de la química (repaso en detalle a toda la química), El Universo (repaso a toda la historia de la astrofísica) o El electrón es zurdo y otros ensayos científicos (donde, con increíble claridad para no ser físico de formación, explica cómo la invarianza bajo reflexiones se rompe para partículas fundamentales y solo la más compleja simetría CPT se sostiene).

Y, cómo no, escribió incluso ensayos o artículos divulgativos para revistas y periódicos donde daba su opinión sobre todo aquello que los lectores le preguntaban. Y en uno de esos escritos anticipó cómo los humanos usaríamos una inteligencia global para aprender cada uno lo que le guste a su ritmo.

El futuro de la educación

En un libro publicado en 1992, titulado La receta del tiranosaurio (porque cuando su segunda mujer Janet y él se veían abrumados, solían ir al Museo Americano de Historia Natural para desconectar y observar al imponente Tyrannosaurus Rex), Asimov recopila escritos de todas sus épocas donde vaticina comportamientos futuros que cree que se darán en la humanidad.

Él mismo comienza la introducción del libro reconociendo que la gente le pide esas predicciones:

Hasta donde concierne a mi literatura de no-ficción se me conoce mejor como «futurista», así que una buena proporción de las solicitudes que me llegan son por cierta perspicacia hacia uno u otro aspecto del futuro.

El primer ensayo es sobre el futuro de la educación. Y quiero reseñar aquí un párrafo del mismo con el que estoy seguro que muchos estaremos de acuerdo:

Tradicionalmente, la educación pública está limitada a los jóvenes. Esto lo entienden los niños, y si existe algún inconveniente contra la escuela, ellos lo atribuyen a su delito de tener poca edad. Se dan cuenta que la gran recompensa del crecimiento es la liberación de la prisión escolar. Su meta no es que los eduquen, sino salir, que los echen.

Del mismo modo, los adultos están seguros de asociar a la educación con la niñez, con algo a lo que han tenido la fortuna de sobrevivir y de lo que ya se han escapado. La libertad de la edad adulta se mancillaría si tuvieran que volver a los hábitos educativos asociados con la infancia. Como resultado, muchos adultos se hunden en una ignorancia vegetativa. No les da absolutamente ninguna vergüenza haber olvidado la poca álgebra y geografía que alguna vez aprendieron, como tampoco la sienten por haber dejado de usar pañales.

Pero, ¿podremos revertir esa manera de concebir la educación?

Asimov, demasiado optimista a mi parecer, opina que sí:

Después de todo, según pasa el tiempo (si la civilización sobrevive), el mundo estará cada vez más automatizado y computarizado. El trabajo monótono y repetitivo del mundo —tanto físico como mental— será realizado por dispositivos mecánicos, y a los seres humanos les quedará la tarea de la creación. El mundo será, cada vez más, un mundo de tiempo libre. La educación tendrá que orientarse al ocio.

Aquí es donde entra el concepto que Asimov denota como “educación personalizada”. Y de nuevo, siendo excesivamente optimista, cree que dicha educación personalizada puede derivar en una cascada de aprendizaje:

En la educación personalizada, una cosa puede conducir perfectamente a la otra. Un infante que desee aprender béisbol, y nada más, quizá llegue a interesarse en la lectura para poder leer sobre béisbol. O quizá le interese aprender aritmética para calcular las estadísticas de este deporte y, a la larga, descubra que le gustan más las matemáticas que el béisbol.

Ahora es cuando se pregunta: ¿de qué manera hacer esto posible? Pues Asimov plantea que, gracias a la red de satélites globales, podremos tener cada uno una longitud de onda asignada (a modo de canal privado, de igual forma que –comenta Asimov- cada uno tenemos un número de teléfono asignado) donde comunicarnos con una máquina de enseñanza que nos guíe en dicho proceso de aprendizaje y se adapte a nosotros. Y es en este momento donde sorprendentemente parece que describe a ChatGPT tal y como lo usamos muchos:

Razonablemente podemos tener la esperanza de que la máquina de enseñanza, programada para algún campo particular de estudio, será —sin embargo— lo suficientemente flexible y versátil para tener la capacidad para modificar su propio programa (es decir, «aprender») como resultado de las órdenes del estudiante.

En otras palabras, el estudiante puede hacer preguntas que la máquina puede contestar, o responder preguntas en una forma que la máquina pueda evaluar. Como resultado de lo que la máquina obtenga como contestación, puede ajustar la velocidad e intensidad de su curso instructivo, y hasta puede cambiar en cualquier dirección que indique el interés del estudiante.

No hay necesidad de que supongamos que la máquina de enseñanza sea un objeto contenido en sí mismo, finito (por ejemplo, como la televisión). Razonablemente podemos suponer que la máquina tendrá a su disposición cualquier libro, publicación seriada o documento en la amplia biblioteca central, codificada, computarizada y global.

La máquina puede utilizar esta información para modificar su programa. Lo que tiene la máquina lo tiene el estudiante, ya sea colocado directamente o en una pantalla, o reproducido en papel para un estudio más cómodo.

Naturalmente, podemos suponer que ningún ser humano tendrá que ser tan sólo un receptáculo pasivo de información. Cualquier ser humano, alguna vez guiado por su interés, cualquiera que sea, tiene muchas posibilidades de avanzar por sí mismo, por lo que puede retroalimentar a la máquina y, por medio de ella a la biblioteca global [concepto que desarrolla en el tercer capítulo], de tal forma que cada estudiante también se convertirá en maestro.

No sé vosotros, pero a mí me ha clavado.

Hoy en día acudo a ChatGPT para aprender cosas sencillas pero desconocidas (quizá, para cuestiones más avanzadas, siga mereciendo la pena adentrarse en bibliografía especializada –que, por otra parte, también puede sugerirte o incluso enlazarte ChatGPT-).

Ha reemplazado mis búsquedas en Google e incluso en Wikipedia. Para muestra un botón, mi historial de chats en ChatGPT:

Creo que, bien usado, ChatGPT es una de las mejores herramientas para aprender de manera personalizada.

Y, aunque es de pago, sigue siendo más barato que pagar a varios profesores distintos para cada uno de tus intereses. Sin duda, aún le falta la maestría y el conocimiento didáctico que tiene un profesor experimentado. Pero para una gran mayoría de asuntos ya podría servir.

El problema es que no se usa mayoritariamente, y no tengo claro si se usará.

Con la expansión de la tecnología y el entretenimiento, parece que nos hemos olvidado de que el ser humano es un animal. Necesita encajar en el grupo de iguales (o incluso destacar), lo que le hace usar las redes sociales de maneras destructivas para su salud mental. Necesita estar atento (por pura supervivencia) a todo lo novedoso, lo que lo mantiene enganchado a reels de Instagram y shorts de YouTube. Nuestro presente se parece más al futuro distópico de películas como Wall-E:

Humanos en el futuro (¿distópico?) de la película Wall-E.

Yo lo veo en mis alumnos. No usan la IA para aprender, solo para salir del paso.

Pero eso es algo más en lo que demuestran ser humanos y, como tal, animales: ante dos caminos, uno fácil y rápido y otro largo y costoso, cualquier ser vivo elegiría el fácil y rápido.

Aunque no era mi intención con esta entrada hacer un análisis del buen o mal uso que hacemos de las IAs. Eso se lo dejaremos a otros blogs. Yo solo quería dejar constancia de lo flipante que me pareció este texto de Asimov.

En siguientes entradas volveremos con física dura 😛

PD: los enlaces a los libros de Asimov son de afiliado, a ti no te costarán más y a mí me darán un minúsculo porcentaje de la compra para seguir pagando los costes del blog =)

3 comentarios en «El día que Asimov predijo ChatGPT»

  1. Gracias por el post Adrián, muy interesante, yo también soy un gran fan de la obra de Asimov.
    En cuanto a otro grande de la Ciencia Ficción, Arthur C. Clarke, permíteme comentar que, además de lo que tú explicas, él fue el visionario que previó los satélites geoestacionarios como elementos importantes en las telecomunicaciones, en concreto describió en 1945 cómo 3 satélites en órbita geoestacionaria con 120º de separación entre ellos, podrían dar cobertura de radio y televisión a todo el mundo.
    El primer satélite geoestacionario de la historia fue el Syncom-III lanzado en 1964 y situado sobre el meridiano ~180º sobre el Pacífico, aproximadamente sobre la Línea Internacional de Cambio de Fecha, para retransmitir a EEUU los Juegos Olímpicos de Tokio de ese año.
    Como tributo, a la circunferencia sobre el ecuador de la Tierra a una altura de ~35786 km, en la que si situamos un satélite éste permanecerá en órbita geoestacionaria, se le llama “Cinturón de Clarke”
    La posibilidad de detectar “cinturones de Clarke” repletos de satélites en planetas que giran alrededor de otras estrellas, es contemplada hoy en día como un posible “tecnomarcador” que nos podría permitir descubrir civilizaciones extraterrestres que habitan en exoplanetas:
    https://www.iac.es/es/divulgacion/noticias/el-cinturon-de-clarke-un-metodo-para-buscar-posibles-civilizaciones-extraterrestres
    Finalmente, una pregunta, ¿cuál es tu novela de Ciencia-Ficción de Asimov favorita? Después, yo te diré la mía 😉
    Saludos.

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    • Muchísimas gracias por los datos que aportas, Albert!! No conocía el concepto de cinturón de Clarke, ya tengo una anécdota que contar en clase cuando explico órbitas geoestacionarias.

      Sobre mi novela de ciencia ficción de Asimov favorita es una pregunta difícil. No querría tirar de tópicos y decirte que la Trilogía de la fundación (pues, de hecho, me gustaron más incluso sus precuelas). Así que te diré que está entre una de las dos siguientes: «El fin de la Eternidad» o «Los propios dioses» (y, si me obligas a decantarme, quizá eligiría «Los propios dioses», recuerdo que en su día me gustó mucho, aunque ahora mismo solo sabría decirte algunas pinceladas de la trama, la tengo algo olvidada).

      También me gustan mucho algunos relatos cortos. Algunos, incluso más que novelas enteras.

      Ahora dime: ¿cuál es tu novela favorita de Asimov?

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  2. Mi novela de Ciencia Ficción favorita de Isaac Asimov (y tal vez de cualquier autor) es «Los propios dioses» Ahí se inventa una de las formas de vida más sorprendente y original que yo haya leído nunca en cualquier novela Sci-Fi. Habré releído la novela al menos 6 veces.
    Y he recordado que ya lo había explicado antes aquí, en mi segundo comentario del post:
    https://fisicatabu.com/midiendo-el-universo-parte-ii-el-sistema-solar/
    Gracias Adrián por divulgar Ciencia y Tecnología, saludos cordiales y ánimos para continuar.

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